(¡Gracias a 7aka por este template!)

February 28, 2007

El Despertar

¿Y quién dice que es un final?

Yo diría que es un cambio.

Un cambio necesario.

Jasón y mis Argonautas; el Acusado; Inne, Wellama y Dasalí; el Metoselah y su víctima; el loco y viejo noble y su hijo fantasma; el Protoss que llevamos dentro; mi Camisa de Fuerza; la Toreador y el Ventrue; Ian Belacqua, Erael, The Terran Commander y su cazador invisible, Adam DeVerran y su hermano Jules, y Colovan; Nueve Arroyos Suave Tigre; Danimoth y Andrew Cooper; y, por supuesto, el anónimo Conde, Venaeus Harparin, el genio Lomalaris y la bella Eymili.

A todos los he amado, antes, durante y después de crearlos. No planeo olvidarlos jamás.
Pero ahora, de momento, llegó el momento del Despertar. Una nueva aventura comienza.

¿Y cómo terminó la batalla del conde y sus amigos? ¿El portal adónde llevaba? A la inmortalidad. A Enoch, la ciudad de la muerte, la morada de Caín. El Obispo quería controlar Enoch. Y fracasó, para siempre, gracias a un vampiro, un mago, un genio y una guerrera.

¿Y cómo terminó mi batalla? ¿El hecho consumado, a dónde llevaba? A la victoria sobre mí mismo. A la vida, a Eugenia, a mis amigos. A la luz (y oscuridad). A la guerra, el polvo y la sangre.

A mi propia inmortalidad.



A vos, lector... Gracias por soñar conmigo.

December 30, 2006

Finisterra

Me senté en un banco de piedra. En mi mano derecha, con un suave ritmo, las cuentas del komboloi sonaban, monótonas, y volvían a comenzar el ciclo. La brisa de verano era suave, y la sombra de un árbol me cubría. Camisa celeste y pantalón color crema, de tela. Atardecía.

Murmuré
"Es la hora."

Y desperté.

December 06, 2006

Estudio

Agent Smith: Why, Mr. Anderson? Why? Why do you do it? Why? Why get up? Why keep fighting? Do you believe you're fighting for something? Something more than your survival? Can you tell me what it is? Do you even know? Is it freedom or truth? Perhaps peace? Could it be for love? Illusions, Mr. Anderson. Temporary constructs of a feeble human intellect trying desperately to justify an existence that is without meaning or purpose. And all as artificial as the Matrix itself, although, only a human mind could invent something as insipid as love. You must be able to see it Mr. Anderson. You must know it by now. You can't win. There's no point in fighting. Why, Mr. Anderson? Why? Why do you persist?

Neo: Because I choose to.

November 23, 2006

Morituri te salutant

Pocas ganas de escribir.
Nada de ganas, para ser franco.

October 09, 2006

Décimoquinta parte

Amedan se sonó las articulaciones de los dedos; las falanges crujieron mientras el paladín apoyaba la bota sobre el pecho de un murciélago enorme que lentamente volvía a su forma humana. Las miradas se cruzaron; por un instante, el mundo se desvaneció para ambos mientras la furia los unía. El paladín sonrió con soberbia, y lo pateó con fuerza en la cara.

"Llévenlo a la torre." ordenó.

El portón exterior se quebró bajo los puños de los últimos dos gólems. Harparin, con una débil Eymili apoyada en su hombro, entró como un conquistador al patio del castillo. Estaba regado de sangre que aún no había sido bebida por los vampiros, y el fuego lamía las dependencias interiores. Harparin estaba absorto a todo esto, pues sabía que algo terrible estaba maquinándose.

"Abran un camino hacia la sala del trono."

Los vampiros comenzaron a hostigar la puerta de la torre de Homenaje. Harparin giró la cabeza para ver a su querida guerrera. Ésta reprimía el dolor apretando los dientes hasta que un hilillo de sangre se le escapó por sus labios rojos. El mago comenzó a susurrar un hechizo básico de curación pero ella le llevó un dedo a los labios, interrumpiéndolo. Luego dijo:

"Este dolor, también, es parte de nuestra batalla. No me lo quites."
Harparin asintió.

Algo que nadie se había preguntado nunca de Lomalaris era dónde estaba la lámpara a la que estaba atado. Nadie, ni siquiera el conde sospechaba que el genio había estado desde el comienzo del viaje cumpliéndo un Deseo de su amo el Obispo. El segundo de tres deseos, para ser preciso, porque el primero consistía en darle una fortuna casi infinita para financiar su costoso y corrupto ejército. El Obispo había ordenado aquella vez:
"Dame el poder para controlar a los hombres."

Y esta vez había pedido:
"Tráeme al conde."

Como no se habían dado instrucciones sobre Harparin o Eymili, Lomalaris esperaba que la ambigüedad de la orden recibida le permitiría encontrar la forma de provocar la caída del Amo. Era la última esperanza.

Amedan entró a la sala del trono mientras sus hombres cargaban al conde con cadenas. El vampiro no podía moverse, pero los soldados aún estaban marcados por la abismal demostración de caos que habían presenciado media hora atrás. El Obispo, sentado y tranquilo, lo miró con el interés con el que se mira a una res. Cuando movió sus labios, su voz fluyó sin ninguna emoción, como si las estuviera leyendo, ásperas:
"Es difícil separar la paja del trigo, como lo es el bien del mal. ¿Qué diferencia a un ministro de Dios, consumido por su deseo de erradicar a Satanás, de un monstruo descendiente de Caín, que empieza a valorar la oportunidad de la Segunda Vida?
La respuesta es la entrega personal. Un vampiro vive para sí mismo, para prolongar su miserable existencia, para encontrarle un sentido a su eternidad. Los humanos vivimos poco, es cierto, pero en el suspiro que conforma nuestra vida aprendemos a valorar lo que Dios nos otorgó." - se puso lentamente de pie, con anciano vigor- "Yo soy humano. Yo he aprendido. Ahora me ha llegado el momento de culminar el trabajo de mi vida."

Bajó los escalones del trono, mientras su mano derecha hurgaba en los pliegues de su túnica. Extrajo un fino estilete brilante y transparente, y se acercó al conde. Con un movimiento rápido, le cortó la piel de un dedo y siniestramente bebió su sangre viscosa, para sorpresa de los presentes. Luego, se limpió los labios, y dijo
"Prepárense para abrir el portal".
Luego, apretó el estilete en su puño, y lo enterró en el corazón del conde.

August 29, 2006

Padre, maldito Padre

Apoyé el abollado escudo y la cobarde espada.
Los cabellos acompañaban la caída de mis rodillas.
Duele caerse de rodillas.
El polvo me toca los ojos, los labios, las fosas nasales.
Los moretones besan mi piel inmadura.
Lloro.

Enfrente, invencible, me mira con preocupación.
Ni siquiera ha desenfundado su negra hoja.
Ni siquiera ha ensuciado su capa carmesí.
Tan sólo se ha sacado el guantelete para golpearme.
Tan sólo se ha sacado el casco para mirarme.
Suspira.

¿Quién puede vencer a la culminación de uno mismo?

July 17, 2006

Carta jamás escrita a una novia que siempre me amó

Quiero que abras mi puerta
Quiero que entiendas mi duelo
Quiero que sigas mis pasos
Quiero que abraces mi fuego.

Quiero que leas mi tiempo
Quiero que sueñes mi río
Quiero que aceptes mi espada
Quiero que calles mi grito.

Quiero que sientas mi culpa
Quiero que ames mi guerra
Quiero que quemes mi sangre
Quiero que pises mi tierra.

Quiero que jures mi ausencia
Quiero que seas mi olvido
Quiero que llores mi alma
Quiero que mueras conmigo.

June 27, 2006

Décimocuarta parte

Ésta es la hora de la oscuridad.
Es la hora de las tinieblas.
Es la hora del Conde. Ahora verán lo que es Mal.

El cuasi Antediluviano, amparado en la noche de luna llena, sobre una colina y bien adelante de las tropas, abrió los brazos con un alarido que invadió toda mente, cuerpo y alma y los llenó de debilidad y los atemorizó. El Contra Vita irradiaba no-luz, verlo era un horror difícil de soportar. Se lanzó al vacío mientras lo envolvía un manto de muerte gris cambiándolo a la forma de un enorme murciélago que abrió las alas poco antes de impactar en el suelo, alzó vuelo y lanzando un rugido impropio de su mutación, comenzó a atacar las almenas henchidas de arqueros, que enloquecían al presenciar tamaña aberración, corrían y hasta se arrojaban por las rendijas que se suponía debían salvarlos de las flechas enemigas. El caos era aterrador; ambos bandos eran mudos testigos del odio de un ser que ha vivido demasiado como para compadecerse. Sólo cuando Harparin se dio cuenta de que el enemigo se reorganizaba, hinchó su pecho y ordenó una carga cainita. Los vampiros, no obstante, ya corrían y volaban cuesta abajo y comenzaban a asaltar las dependencias, puertas y murallas del castillo.

Eymili no se quedó atrás. Ella y sus jinetes se largaron a un galope desenfrenado contra la infantería que salía por la puerta para repeler a los invasores. Los caballos espumeaban batalla, los cabellos acariciaban odio. Se produjo un terrible choque en que Eymili fue brutalmente arrojada de su caballo por una pica de algún azar. Cayó con lentitud, dando algunas vueltas en el aire, mientras buscaba instintivamente el pomo de la espada que la había acompañado tanto tiempo, desde aquella vez en que un extraño vino a su casa, le dio una razón para vivir y otra para morir, cambiándola para siempre.

La Legio Dæmoniae, comandada y encabezada por Lomalaris y Harparin se movía con soprendente rapidez sobre sus pies, avanzando varios metros con simples pasos que dejaban ilusiones ópticas de estelas detrás. Sus sables entraban una y otra vez en los vientres de los caballeros de la Iglesia corruptos, envenenados por la codicia y privados de toda conciencia, peleadores de una causa que no era suya y por un amo al que no conocían. Pero las palabras no servían, las armas desplegaban sus discursos de venganzas y muerte, de locura y barbarie, de valor y homicidio. Harparin manipulaba a dos pétreos gólems de mediana estatura; uno machacó dos cráneos mientras otro arrojaba jinetes de sus caballos. Lomalaris y sus cuatro brazos mágicos repartían rápidos sablazos a diestra, siniestra, otra derecha y otra izquierda, más fuerte y más rápido.

Y el conde era inmortal. Caía una y otra vez donde atinaba conveniente: caballos, torres, techos, almenas, patios, nadie escaparía jamás a la furia de aquél llamado Contra Vita y que ahora volvía para reclamar su justo genocidio. Los pocos que le hacían frente eran mutilados, elevados al aire para luego caer y destrozarse, quemados por haces de oscuridad que barrían las almas. Y de golpe, otra vez, el dolor. Dicen que ni siquiera Sígfrido podría impulsar una lanza tan fuerte y tan lejos como Amedan el Veloz, y menos aún, nadie jamás había podido evadirlo, y el conde no era una excepción. Tajante, hiriente, arrollador, cayó en espiral desde lo más profundo del cielo, arrastrando tras de sí un viento enloquecedor.

Harparin se protegía de los flechazos mediante sus gólems, mullidos y maltrechos por la cantidad de castigo que habían soportado. Lomalaris había pasado a atender a los heridos, usando todas sus pociones en los menos cadavéricos y acompañando a la muerte a los que trascendían la salvación. Eymili empuñaba lanza y espada a la vez, perforando una garganta aquí, cercenando un brazo allá, aplastando una cabeza acuyá. Un hachazo que hendió su coraza en pleno pecho lastimó sus populares senos y algunas costillas, haciéndola tambalearse y luego caer.

Y el conde continuaba su descendo vertiginoso, apocalíticamente. Quizá pensaba en sus cómo le iría a sus compañeros, que lo habían acompañado todo este viaje tras tantos peligros, que se preocupaban por él pues quizá habían llegado a quererlo, pese a sus prejuicios, pedanterías y soberbias. El humano, la prostituta, el mocoso. El admirador, la rival, el comprensivo.
El conde giró y llenó de aire sus alas, se elevó con un terrible dolor y buscó a sus amigos. Vio a Harparin.
Harparin corrió flanqueado por sus marionetas para proteger a Eymili. La encontró inconsciente, tras haber estrangulado a un agresor mucho más grande.
Eymili buscaba con la mirada a Lomalaris entre el fragor de la batalla, desesperada por proteger al niño prodigio. No lo halló.
Y Lomalaris el genio, el alegre muchacho, se arrodillaba cabizbajo en la Capilla frente al demónico Obispo. Su Amo. Su Señor.

June 08, 2006

Décimotercera parte

Aunque era reconfortante tener un pequeño ejército de no muertos cuidándole a uno las espaldas, Lomalaris pensaba que el viaje ya no era lo mismo. Los vampiros eran bastante feos, y malvados, y hacían que Harparin no durmiera y se negara a contar historias. Sin contar que tenían que viajar de noche puesto que los cainitas rehusaban usar harapos, alegando que estaban orgullosos de su "condición".

Dos días después de encontrar a la tribu nómada Gängrhel que accidentalmente atacó a Eymili, llegaron a la frontera de las tierras del Emperador Federico I Barbarroja, el Sacro Imperio Romano. El reino más grande de Europa, que englobaba desde París hasta Roma. El hogar del conde, la tierra de los dioses, del frío y de la guerra. Un día de cabalgata, casi por casualidad dieron con un arroyo sumergido en un bosque y bañado en nieve y en la luz de la luna llena al que Harparin insistió en investigar, movido por una fuerte corazonada. Sus compañeros y una pequeña partida de vampiros lo acompañaron. Para sorpresa de todos, sin decir una palabra, se desnudó con lentitud ritual y se internó con un pequeño cuchillo en las frías aguas hasta que éstas llegaban a su cintura. Allí, se cortó una vena, soportando el dolor, y dejó que la sangre cayera sobre la cerúlea superficie. El silencio era sepulcral. Hasta Lomalaris miraba asombrado, imaginando el frío que sentiría Harparin en las aguas semicongeladas.

De repente, el viento se tornó más fuerte, violento, caótico. Eymili desenvainó su espada, mirando intranquila al cielo nocturno que sin embargo se mantenía despejado. Las aguas también se agitaban rítmicamente. La luz de la luna pareció concentrarse en múltiples lugares sobre la superficie del arroyo. Imprevistamente, algo aún más asombroso sucedió. De cada círculo de luz lunar, una figura compuesta de agua surgió lentamente y tomó la silueta de un hombre, que tras unas reverberaciones lumínicas se transformaron en humanos. Todos vestían oscuras túnicas, portaban sables árabes y llevaban máscaras que tapaban diversas partes de la cara; algunos ocultaban sus ojos, otros la boca, unos pocos la nariz. Harparin sonrió, exhausto: la Legio Daemoniae, la división Demonológica, había acudido a su llamada. Se pusieron a las órdenes del Maestro de Marionetas y junto a los otros, volvieron al campamento.

Pero aquí no terminaba el carnaval. Al arribar a la costa del mar, dos días más tarde, un grupo de guerreros con hachas, armaduras, cicatrices y barbas les salió al encuentro de entre unos árboles. Se identificaron como sæcsens. Inmediatamente Eymili se les puso enfrente, lista para enfrentarles, pero no fue necesario. Una sublevación contra el actual jefe sæcsen y marido de la amante de Harparin había culminado en una expedición de guerreros destinada a convencerla de volver a su tierra y regir como soberana. Eymili rió grotescamente y los forzó a unirse a su ya numeroso grupo. El pequeño y heterogéneo ejército se vio así completo, y partieron rumbo noreste para llegar al castillo del conde. A lo largo del camino, éste narró que el castillo le había sido cedido por Enrique el León, duque de Sajonia, para pagarle por la ayuda prestada para eliminar a un funcionario de la ciudad de Goslar, en Germania, lo cual ayudó al León a reforzar su posición política notablemente. El conde se hallaba ansioso por librar la batalla final contra el paladín Amedan y los soldados de la Iglesia, pero le preocupaba el nulo conocimiento que los lugareños tenían de la expedición militar que había explusado al aristocrático vampiro de sus dominios. Era casi como si nadie hubiera notado ningún cambio, como si el castillo jamás hubiese sufrido la invasión de un ejército eclesiástico. Durante el camino, Harparin había interrogado numerosas veces a sus compañeros sobre las novedades en la Orden de Hermes, pero consiguió poca información. Eymili se le acercó durante la cabalgata nocturna:
- ¿Qué crees que sucederá en el castillo?
Harparin seleccionó sus palabras cuidadosamente.
- Amedan y sus paladines, los que ocupan la residencia del conde, han sido corrompidos gradualmente por la influencia de un falso obispo, un demonio disfrazado de hombre. Veremos horrores, Eymili, y tendremos que vencer. - respondió con la mirada ensombrecida.
- ¿Vencer? ¿Por qué "tenemos que" vencer?
- Mira a tu alrededor, mujer. ¿Es posible que nadie sepa que un batallón de soldados de la Iglesia tomó por asalto un castillo, y lo ocupa actualmente? Esos campesinos están siendo influenciados. Creen que están defendiendo a los santos al ocultar lo que saben.
- ¿Sabías que mentían?
- Naturalmente. Pero si el conde se entera, sus vampiros los torturarán hasta la locura, o tal vez peor.
Días más tarde, caída la noche, divisaron el castillo. Y el conde, por primera vez en décadas, sonrió.

May 22, 2006

La dama de Mármol

De los bosques invernales
A volcanes invencibles
A caballo, inquebrantable
Monta blanca, bella y triste.

El marfil es su condena
Y los coros son su escolta
De fantasmas será reina;
Un guerrero ahora controla.

Una máscara de joven
Tres susurros, nueve besos
Y en su cruel limbo de polen
Embriagóme con su peso.

La tirana de mis sueños
La duquesa de mi tierra
Yo de mí ya no soy dueño
Pues peleo por su guerra.

Enredado en sus sopores
Destruido por su risa
Me resigno a los dolores:
Ella es mi pitonisa.

May 12, 2006

Geningeniería para Principiantes

Habían pasado tres meses desde el experimento. Danimoth recordaba con amargura; éra todo lo que podía hacer. Desde afuera, parece que los científicos no tienen sentimientos, que sólo los consume la búsqueda de horizontes del conocimiento. Pero también hay amores, y rivalidades, y conflictos. Los nuevos dioses, los que evolucionan, los nacidos para avanzar. Los Progenitores.

Los talentos en el campo de la biología de Danimoth fueron descubiertos por el famoso doctor Andrew Cooper, que lo quitó de un proyecto de clonación de los inescrupulosos manipuladores de FACADE y lo llevó a un destino más elevado. Danimoth comenzó, bajo la tutela del profesor Cooper, a avanzar en el campo de la Ingeniería Mutagénica, o Geningeniería. Sus logros son conocidos por todos; demás está hacer un listado exhaustivo. Pero lo cierto es que atrajo la atención de otras Convenciones, y su fama se elevó tanto que fue víctima de dos asesinatos de los agentes de las Tradiciones; afortunadamente, FACADE tenía copias de su cuerpo en cryogenización y fue posible transferir su mente. El problema es que mientras más famoso se hacía, más comenzaba a opacar a su antiguo mentor, el profesor Cooper. El orgullo casi paternal fue cedido por una amistosa competitividad, luego por la negación fruto de la ironía, más tarde por las dañinas semillas de la envidia, y finalmente en aversión a su ex pupilo. Los días pasaban con rencor para el profesor, pues nadie parecía recordar que él había sido el que perfeccionara el modo de transformación de humanos en sauroides.

El colmo de la situación llegó cuando Danimoth publicó el texto "Reflexiones sobre la evolución humana y el estancamiento de los genes" donde probaba que la humanidad, en su forma imperfecta, estaba condenada a desaparecer por debilidad genética. El profesor Cooper casi enloquece cuando la astilla recibió el premio que le negaron al palo, la Estrella de la Unión. Fue así como convocó a Danimoth para supuestamente conversar sobre una teoría de las cualidades biológicas de los vampiros, cuando en realidad ocultaba otro propósito. Cuando menos lo esperaba, Danimoth fue inyectado con una fuerte anestecia, y puesto bajo efecto gaseoso de una sustancia altamente inestable conocida como el Moragis X54.

Efectivamente, al despertar, Danimoth sintió su piel arder como nunca. Se levantó y miró a su alrededor; estaba solo en una sala de cirugía. Con dolor, se restregó las muñecas, y notó algo nuevo en ellas. Cromáticamente hablando, su piel había cambiado de color, se había oscurecido notablemente. Se puso de pie y corrió a buscar un espejo. El horror. Danimoth pertenecía ahora a la peligrosa subraza híbrida de los sauroides, el campo de especialización de su viejo colega, el profesor Cooper. Andrew "Voltaire" Cooper. ¿No había sido él el último ser con el que había hablado, antes de caer violentamente dormido? Danimoth sintió que la furia lo invadía. ¡Cooper había hecho ésto! ¡Traidor! El nuevo sauroide arrojó el espejo y salió de la sala de cirugía para encontrar al maldito. Pero en vez de él, halló a un grupo de científicas, que al ver un reptil erguido como un hombre, entraron en pánico e intentaron llamar a los HIT-Marks, los cyborgs exterminadores. Danimoth tuvo que impedir ésto, y al no poder razonar con ellas las mató en el mismo laboratorio. A todas. Fue así como su suerte quedó sellada. Docenas de Hombres de Negro penetraron el edificio supuestamente abandonado y arrestaron a la amenaza. De nada sirvieron sus reptilianas palabras, pues el noble Cooper se rasgaba las vestiduras diciendo que ése sujeto era su responsabilidad, un experimento que había inducido al objeto de estudio a la demencia asesina.

Supuestamente Demente pero físicamente perfecto, fue transportado a la estación espacial de L4 para investigaciones futuras. Cooper fue reprendido por su negligencia pero luego felicitado por sus consecuentes logros. En cuanto al joven Danimoth, se puso una vez más a trabajar con el profesor que lo había traído a los maternales brazos de la Tecnocracia para que nadie descubriera su naturaleza de Tipo Dos, un clon perfecto.

Pero la verdad era otra, muy distinta. El verdadero Danimoth se lamentaba en su celda de gravedad aritifial, con comidas proteínicas y agua doblemente mineralizada. El final de su historia, parecía. Hasta que sucedió lo impensable. Danimoth comía intranquilamente cuando las luces de su corredor se apagaron. La celda emitió un chasquido. Una voz metálica anunció un ataque, sistemas desactivados por destrucción de los generadores, todos a sus puestos de combate. Danimoth deslizó la pesada puerta con brazos temblorosos... y salió.

April 23, 2006

Decimosegunda parte

"¡Arre! ¡Arre! ¡¡Arreeeee!!"
Eymili miró detrás suyo mientras una flecha silbaba cerca suyo. Tres sæcsens más los seguían a todo galope, ganando distancia. Delante de ella, Harparin y el conde compartían el mismo caballo, sumamente incómodos. El viento golpeaba a la mercenaria en el rostro, y la luna llena se filtraba por entre los árboles.

El padre de Eymili había muerto. En realidad, había sido asesinado hacía varios años en un arrebato de ira por el marido celoso de la bárbara poco después de su escape, hacía varios años. En efecto, Eymili había perdido el último vestigio de su familia. Eymili intentó no pensar en esta terrible realidad, y se concentró en maniobrar al corcel efectivamente para perder a sus perseguidores. Apretó los dientes y las riendas con sus puños, pero algo llamó su atención. Por encima de ella pasó una sombra veloz, enorme. Volteó la cabeza mientras alcanzaba a ver a una figura humanoide tirando a los sæcsens de sus caballos. Ella frenó el caballo, confundida, al tiempo que volvían Harparin y el conde. Atónitos, observaron al monstruo acercárseles y convertirse en la siempre alegre figura de Lomalaris. Eymili fue la primera en hablar:
"¡¿En qué demonios te has convertido esta vez?!"
Lomalaris sonrió, mientras se secaba el sudor de la frente con el reverso de una mano.
"Es... puff... es un orangután. Un animal que vive en las selvas de África. Poderoso, ¿no creen?"
"¿Sabe bien?"
"Conde... no sea sarcástico. Es una de mis mejores transformaciones. ¡Pero démonos prisa!"
Y se subió al caballo de Eymili, detrás de ésta, sacándole ingenuamente la lengua a Harparin, quien fingió no verlo.
Cabalgaron hasta el límite del bosque y salieron a una colina que bajaba hasta un valle con matices invernales. El conde habló, mirando el horizonte:
"Al Noreste, en algunas horas, encontraremos mi campamento. Permítanme adelantarme."
Se apeó del caballo, alzó los brazos mientras su forma se encogía hasta que explotó en una nube de murciélagos, y surcó la noche con velocidad.
Los demás cabalgaron tranquilos, permitiéndole al vampiro ganar ventaja. Bordeaban los ríos al amparo de los árboles para evitar ser vistos.

Cerca de medianoche, con Lomalaris dormido y babeándose sobre el hombro de Eymili, Harparin decidió comer el último dátil que le quedaba. Comenzó a hurgar en su bolsa, cuando un fuerte golpe lo arrojó del caballo, a la vez que escuchaba a Eymili gritar. Sobre él estaba la siniestra figura de un hombre recubierto de pieles. Pálido, era indudablemente un vampiro. Miró desesperado hacia Eymili, que en el suelo intentaba proteger con su cuerpo a Lomalaris, rodeados de tres cainitas más. El vampiro que inmovilizaba a Harparin abrió la boca con ferocidad, acercándose. Harparin se desesperó, sus brazos estaban inmovilizados. Eymili esgrimía su daga de plata, como un animal indefenso. El mago pensó a la velocidad del rayo en algún hechizo, hasta que tuvo una idea. Estiró la mano hasta tomar un puñado de tierra, y gritó una peligrosa fórmula. A su alrededor la tierra comenzó a temblar al instante, mientras el vampiro le incaba los colmillos en el cuello, atroces. Harparin cerró los ojos y rezó para que el conjuro no saliera mal. Gritó una vez más la fórmula, evitando entrar en pánico. La sangre le manaba copiosamente por el cuello, mientras el vampiro la saboreaba. Harparin lo intentó una vez más, y por fin dio resultado. Dos lanzas de roca emergieron de la tierra, enormes, y perforaron al vampiro, levantándolo dos metros sobre la tierra. Harparin repitió el hechizo, creando numerosas lanzas que encerraron a Eymili y a Lomalaris. Entonces, el joven mago sintió su piernas desfallecer. El efecto, el hechizo había sido tan potente que como método de balance, sus piernas se habían vuelto de piedra temporalmente. Uno de los efectos secundarios de jugar con la Realidad. Sobre el suelo, con las piernas duras, en un ataque de pánico.

Los vampiros, frustrados por perderse el festín que suponía Eymili, se volvieron hacia Harparin. Fue entonces cuando un rugido se escuchó, y una nube de murciélagos apareció del cielo, cobrando la forma del conde entre los combatientes. Furioso, gritó unas palabras en una lengua germana, que detuvieron a los vampiros. Éstos lo miraron con furia, lentamente le dieron la espalda, y se fueron.

El conde se acercó al aterrorizado Harparin, que intentaba recomponer la estructura orgánica de sus piernas. Sonrió, y dijo:
"Lamento la bienvenida. Nos han estado esperando por muchas noches. Ellos son mis... soldados, si quieres ponerlo así."
Una piedra lanzada por el Maestro de Marionetas le rompió la nariz.

April 11, 2006

Semiología en un espejo

Atención, esto es una catarsis. Quiero aclararlo de entrada porque me estoy por ir de mambo. Para evitar confusiones, éstos son los parámetros.
"-" se refiere al autor en su versión temporal y cambiante. Es el que conocen.
"¬" se refiere al autor en su versión estática y permanente. No lo conocen.
Sin más, aquí voy:

Anicca
- .......
¬ ......
- ..... ¿eh?
¬ Hola.
- ¡¡Mi espejo habla!!
¬ Tu espejo no habla. Te está mostrando tu reflejo.
- Pero vos no tenés mi cara de sorprendido.
¬ Claro, porque no estoy sorprendido. No hay nada de raro en esto.
- Sí que lo hay. Los espejos -
¬ Los reflejos, querrás decir.
- Bueno, los reflejos no hablan.
¬ Bueno, un reflejo es una redirección de luz y sonido, o sea no "es" a menos que tenga en qué reflejarse.
- Como mirar dos espejos enfrentados, ¿no? Es infinito.
¬ Claro, de ahí que no soy un reflejo. Soy vos.
- Nah.
¬ Sí.
- No puede ser. Sos una manifestación de la luz, como acabás de decir.
¬ Es un medio para que me veas.
- ¿Y por qué estás acá?
¬ Creo que una charla nos vendría bien.
- ¿Qué, tenés algo que decirme?
¬ No hay nada que yo sepa que vos no.
- ¿O sea que estamos en igualdad de condiciones?
¬ Más o menos. Yo soy una parte más bien eterna y constante de vos.
- Si so yo, sabés que eso no es posible. Violás el principio de Impermanencia del budismo.
¬ Correcto, pero hay algo que falta. Vos sos parte de un mundo, una hebra de la red de la vida, pero hay algo residual, si se quiere decir, que queda en la red. La marca de la memoria que imprimís en el mundo, ¿entendés? Yo sólo puedo ser tu pasado y presente, pero no tu futuro. Cuando mueras, voy a ir debilitándome hasta ser no más que un nombre en un epitafio.
- Bullshit. Yo quiero ser recordado.
¬ Está por verse si vas a poder ser famoso o escritor o todas tus ambiciones juntas.
- Bueno, pero mamá me dice que el mundo ya es mío.
¬ ¿Y qué sabe mamá de si el techo se te va a caer encima ahora?
- Tenés razón.
¬ Vos también. Somos lo mismo.
- No, no lo somos.
¬ Somos recíprocos. Sin mí vos dejarías de existir, y lo mismo sin tenerte a vos.
- Somos distintos, te digo. El simple hecho de que estemos en desacuerdo marca la diferencia.
¬ Eso es porque estamos en realidades distintas. Si cambiáramos los papeles actuaríamos igual.
- ¡Dejate de joder! Yo soy yo y me diferencio de vos.
¬ No basta con decir eso. Normalmente así delimitás tu entidad psíquica, pero en este caso... vos sos yo y yo soy vos.
- Me estás asustando.
¬ No digas huevadas. Sabés que tengo razón. Además, ¿qué tiene de tan malo no ser único? Vidau te dijo el otro día por millocientoavanésima vez que no existe el individualismo.
- Pero Vidau no piensa como yo.
¬ Cierto, no piensa de la manera que pienso.
- Que pensamos. Somos dos mentes separadas.
¬ Creo que te voy a hacer ese favor, así no te ponés histérico.
- Bueno, gracias por entenderme.
¬ Gracias a vos por entenderte.
- Cortala.
¬ Perdón.
- ... Perate... ¿vos no deberías cambiar conforme avanzan mis memorias?
¬ En realidad, el que cambia es tu reflejo sobre los otros, o sea tu paradigma. Yo soy la sumatoria de todos tus pensamientos pero también estructurados y separados. No siempre cambio. Tu mente a los cinco años es igual aunque llegues a los ochenta y seas un cura pedófilo.
- O sea que sos sumatoria y no promedio.
¬ Vas entendiendo.

Anatta
- Esperate.
¬ Te diste cuenta.
- Claro. No existe el "yo", porque el alma no es real. O sea, no hay espíritus.
¬ Pero hay voluntades.
- ¿De qué manera?
¬ Yo me represento como un reflejo en el espejo de tu baño, pero estoy en tu mente.
- Pero mi mente, mi personalidad y mis emociones, son sólo patrones de genes heredados de mis viejos, y se combinan con un poco de azar para manifestarse mediante impulsos eléctricos cerebrales. Si meto tal o cual químico, podría cambiar mi personalidad...
¬ Como los supuestos implantes de memoria de Alphonse.
- ¿Es algo así posible? O sea, no se entiende bien cómo se guardan los recuerdos en el cerebro.
¬ Pero tu punto de vista es que no existís como entidad espiritual, tan sólo psíquica.
- Claro.
¬ Pero como viste en Mago, una voluntad puede imponerse sobre la realidad.
- Pero así la realidad no es sólida, es sólo un sueño.
¬ Eso trasciende las enseñanzas de Buda.
- Sí, como en esa canción...
¬ "Everything is clear now... Life is just a dream you now..."
- "It's never ending... I'm... ascending..."
¬ ...Es irrelevante si existe o no la realidad. Tu objetivo es otro.
- Supongo que tengo... que tenemos razón.
¬ Aún así, lo que nos diferencia en esencia de otros se da desde el nacimiento.
- Los bebés son 100% ego, no te olvides.
¬ No me olvido. Pero tenés razón en que si decís "yo" ya marcás un límite con el resto del Universo. Desafortunadamente, no se aplica conmigo.
- Maldición.
¬ No todo se puede.
- Cierto. The Beast that shouted "I" at the Heart of the World.

Dukkha
¬ Ya no llorás de noche.
- No... por suerte encontré paz.
¬ Igual te atormenta recordarlo.
- Claro que sí, ponerse a pensar en que no existo es muy angustioso.
¬ Vany y Euge dicen que existís. También Niégal.
- Vany me habla, Euge me besa, Niégal me ayuda.
¬ Su interacción con vos significa que te reconocen de entre lo que no existe.
- Claro. No se puede interactuar con un concepto. De manera que al menos mi mente existe.
¬ Pienso, luego existo.
- Entonces es así.
¬ Peo hay algo más.
- Sí. ¿Y si el mundo entero no existe? ¿Y si todo es un sueño, una ilusión?
¬ Tranqui, no te pongas mal.
- No es fácil plantearse esto sin amargarse.
¬ A lo mejor nada existe, pero tus percepciones, por limitadas que puedan ser, determinan lo que para vos "es", aunque para otros no sea.
- Claro, como la vista, imposible de explicar para un ciego.
¬ Como el ki, el sonido o el amor.
- No hablemos de amor. No estamos lo sufucientemente letrados.
¬ Tu familia te quiere. Tus amigos también. Y mucho.
- Suficiente.
¬ Pero sabés que es cierto.
- ¡No me interesa!
¬ ¿Qué hay de malo en que te quieran? ¿Qué es lo que te asombra y te aterra de eso?
- Yo quiero a toda esa gente... pero me entristece que me quieran. Me siento indigno.
¬ Ya lo sé. Pero sabés que no lo sos.
- Es algo mental, pero es como le explicaba a Newli... son cadenas pesadas que me condicionan.
¬ Pronto pasará.
- ¿Te parece?
¬ Tiene que pasar.
- ¿Y si no pasa?
¬ Primero de agosto.
- Te fuiste al carajo.
¬ Pero puede suceder.
- Te desubicaste. No jodas con eso. Es tema zanjado.
¬ Si si, lo sé. No queremos que pase de nuevo, así que contentate en pensar que tu AT Field es pasajero.
- ¿Cómo supiste que era mi AT Field?
¬ El nombre lo autodefine. Absolute Terror Field.
- Mi corazón es mío.
¬ Nadie lo va a tocar. Pero eso no justifica que apartes a los otros.
- Clarisa hace lo mismo.
¬ Pero vos no sos Clarisa.
- Lo que quiero decir es que no soy el único que aparta a otros de su corazón.
¬ Pero nunca vas a poder disfrutar del amor, en todas sus formas, si no te abrís un poco.
- ¿Y si penetran?
¬ Te tenés que arriesgar.
- ¿Me tengo que arriesgar?
¬ Si no sos un cobarde y te quedás pensando en qué hubiera pasado.
- Tengo miedo.
¬ Está bien tener miedo. Todos lo tienen.
- ¿Vos tenés miedo?
¬ Sólo en la medida que vos lo hayas tenido, acordate.
- Cierto.
¬ ¿Te vas a jugar entonces?
- Newli me lo viene demandando hace semanas. Mauro lo quiere también. ¿Funcionará?
¬ Es cuestión de probar. Si no, te venís al blog y te desahogás. Y Charlie te lee y pone comentarios morbosos.
- Habrá que intentar. Ser valiente es siempre bueno. Me animé con Sophie y fracasé, pero me salió bien con Euge.
¬ ¿Ves? Fortune favors the bold.
- Bueno, entonces me voy.
¬ No te preocupes, yo te sigo de cerquita.
- No me sigas cuando estoy con ella.
¬ Yo también la beso.
- No me jodas o te mato.
¬ Pero ella no se da cuenta, ni vos, ni siquiera yo.
- Eso es confuso.
¬ Naturalmente. Ahora andate.
- Bueno, bueno muchas gracias por la charla.
¬ De nada. Y arreglate el pelo, tenés la raya mal hecha.
- Tenés razón.
¬ Ya lo sé.

April 08, 2006

Once Upon A Troubadour

A lonely bard wandering across the lands am I
Singing dancing finding answers to every why
The taverns are full and one crosses my path, too
I just might reward myself with a beer or two

This inn the place of many romantic tales
On the loft women offer their sales
But my eyes they catch a girl beat by everyone
A slave she is but for me a rose undone
Hear me sing
Watch me dance
Play that lute of thine
And share with me this dance

As she danced my eyes began to shine
There she was the maiden so divine
How could I approach her with my outlook so poor
Her beauty being much more than I could endure

So I asked if I could sing a chanson
With a language of ancient and of lore
Gathered the men around us me and the girl in rags
Soon were the melodies heard by everyone

Hear us sing
Watch us dance
Sing with us this tale
With a clap of hands

The stories long-forgotten we still know
Performing our skills wherever we go
I end my story as I receive a kiss
From my girl the dearest Beatrice

Hear us sing
Watch us dance
Sing with us the tales
Which the music will keep alive